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Amigo
(Poema 12)
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[A
mi amigo de siempre, Alejandro Guibourg]
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| No
creas, amigo mío, que por haber llenado mis días con la savia incolora de tu rostro, he de llamarte Amigo. Porque has sabido quererme sin pedirme que te quiera; porque mis noches sin luna han sido sombra en el alma del sol de tus días; porque no has tenido oídos para escuchar de mi nombre falsos sonidos que de negro pintan los pinceles de la envidia: por eso he de llamarte Amigo. Porque me diste la esencia que trae la imagen de Dios; porque eres hijo del amor —porque el amor es Dios—: por eso he de llamarte Amigo. |
Caballero sin escudo, caballero sin espada. Sin escudo, la verdad delante de la mentira Sin la espada que hiera y un dulce licor que alivia heridas. Me enseñaste a fundir tu alma con la mía y con El fundimos nuestros sueños. Me enseñaste una sola amistad la verdadera; la que no admite ni mal ni mejor amigo. Por todo ello, simplemente, he de llamarte Amigo |
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Mercedes (Bs. As), octubre de 1976 |
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Versos
a Graciela (Poema 14)
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| Estoy
al fin sentado a la sombra del camino, donde el silencio es mi tiempo, donde la luz es mi guía, y las horas se me achican cuando contigo estoy aunque a mi lado no estés. Y es porque encontré tus ojos que me permiten reir y llorar sin que el reir me avergüence, sin que el llorar me atormente. Es extraño, sí: las horas se me achican y, sin embargo, me sobra el tiempo para quererte. Y es que para quererte no pesa el tiempo ni la distancia, ni pierden hojas los calendarios, ni se dispersan los sentimientos. Sólo me basta buscar por dentro y pronunciar un nombre... y allí te encuentro, ceñida a mi entendimiento y a mis desvelos. |
Mas hay en mí algo que me hace eco constante de los días eternos; porque te siento en el viento, en el sol que me cobija y la brisa que me toca... Tu presencia es luz y canto, y tu ausencia sombra y llanto. ¡Qué no daría, entonces, de mi vida y mi razón, por poder llorar, al fin, la alegría de saberme hoy en tu nostalgia de ayer, en tus ojos de mañana y en tus anhelos de siempre! Es extraño, sí: las horas se me achican y, sin embargo... ¡me sobra el tiempo para quererte! |
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Buenos Aires, abril de 1977 |
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Destino (Poema 19) |
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| Y
aquí estoy, destino... Otra vez sumergido en la ruta del mañana. Porque habrá un mañana, ¿sabes?... Y otra vez por el río de mi sangre fluye la corriente pura y vertical de mi pasaje hacia la vida. Y aquí voy con mi pesada y vieja alforja de ilusiones terminadas y pasiones inventadas, hacia el cruce horizontal de mi nostalgia. Y me siento remontar hacia la altura inmensa de futura certidumbre. Y hasta puedo reflotar en el caudal extenso de pasadas alegrías. |
Pero aunque todo exista y exista el nombre que me dio la vida, no he de negar, destino, que es con la noche cuando muere el día. Si sabes que soy el sol que sólo quema en verano y ella... ¡oh, destino!... solo respira en el viento y se nutre del invierno. ¿Entonces qué, destino...? ¿Me tendrás en el otoño para dejarme incrustado entre las dos estaciones? ¿O me dejarás volar hasta que el sol del verano me castigue sin piedad...? |
Buenos
Aires, mayo de 1984
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