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Veinte de Octubre (Poema 17) |
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| Sí...
hoy es veinte de octubre. Poco importa que estemos en noviembre, en diciembre o en enero. Poco importa que la luna esté encendida y las estrellas palpiten, si mis días son vacíos desde que mi vida vive a sentencia de un recuerdo. Si aunque estés a mi lado, ¡te siento tan lejana!... Y aunque tus ojos me miren y tu sonrisa respire, ¡te siento tan ausente!... Tan ausente como si hubieses muerto. Y es por haber tenido la certeza de quererte la amarga angustia de saber que no eres mía. |
No reniego de tu vida, ni rechazo tu cariño; no lo temas. Si has querido ser mi amiga, no te culpo. Y si alguna vez mis labios tiemblan de emoción cuando te acercas y mis ojos se encienden al contacto con los tuyos, no te asustes: es mi amor que te guía a cada instante. Mas ahora, poco importa que estemos en noviembre, en diciembre o en enero; hoy... ¡hoy es veinte de octubre! |
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Buenos
Aires, noviembre de 1979
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Horas
Lentas (Poema 13)
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| En
esta tarde gris de lejanía —de olvidos y de fiel monotonía— tu ausencia se perfila palpitante, trayéndome al compás de su armonía, la inmensidad de un tiempo ya distante. ¿Será tal vez debido a la distancia...? ¿O es que persiste aún la resonancia de aquel lejano tiempo transcurrido entre los vanos sueños de mi infancia y la certeza cruel de lo vivido? |
Yo quisiera volver al calendario del tiempo de mi viejo diccionario y poder retener el minutero de aquellas horas del amor primario, que escapan con su ritmo verdadero. Dejarme estar; vagar en la tibieza de un tiempo sin fronteras ni tristeza. Y hundido en una paz que me enternece, de todo el universo y su grandeza, ¡tan sólo tu recuerdo me estremece! |
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Buenos
Aires, abril de 1977
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Soneto
a la Vida (Poema 21)
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| Cuando
la
noche inquieta me cante su quimera, y no arda en mí la llama de alguna vieja herida, me acostaré en el filo de la doliente espera y dormiré en el sueño del viaje de partida. Cuando no suene el eco de la pasada gloria y ya no quede nada, ni el llanto ni la risa, me perderé en el canto sutil de mi memoria y dejaré esta vida con mi mejor sonrisa. |
Resurgiré en el cauce de nuevas alegrías, —dejando mi equipaje de viejas agonías— in tiempo ni distancia, sin forma ni envoltura. Y habrán quedado amigos, pasiones y enemigos —recuerdos y nostalgias que no tendrán testigos—, en esa vieja ruta de insólita locura. |
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Buenos
Aires, mayo de 1984
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Soneto
a Mercedes —Ciudad Natal— (Poema 23)
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| Estoy
hundido en tu perfil andado, con la mirada hundida en cada objeto y la sonrisa erguida en el inquieto y nastalgioso espejo del pasado. Me basta el día apenas empezado; el eco roto en un zaguán inquieto; tu calidez dormida en un soneto; tu proverbial acento inescrutado. |
Y detener mi sed de cosas nuevas, penetrando tu impar fisonomía —y en tus ojos intactos me renuevas—. Y revivir tu clara geometría, tu antiguo barbotar de voces nuevas, en el brote senil de mi poesía. |
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Buenos
Aires, junio de 1984
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Soneto
a la Música (Poema 20)
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| De
pronto me encontré con tu tibieza, sin forma ni color, pura intangible; y allí estabas, radiante, imprevisible, poniendo fin a mi virtual pobreza. Y del teclado fiel de tu nobleza —donde no cabe el mundo, imperceptible—, surgió vivaz, perenne, indestejible, el velo sin igual de tu grandeza. |
Y en un vagar total de mil sonidos —donde no cabe el tiempo ni la historia—, se me escapó el dolor de tiempos idos. Y entre tus cuatro espacios de victoria, viajar como torrentes embebidos, y renacer en ti, ya sin memoria. |
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Buenos Aires, mayo de 1984 |
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