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Hoy
(Poema 1)
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| Hoy
quise hallar la verdad en tu mirada, Una lágrima resbaló por tus mejillas e inundó mis pensamientos. Y no supe qué decir... Pero allí estabas —la mirada aún más turbia que tus ojos—, mortalmente acongojada. Y tu sonrisa de otrora —más pura que tu sonrisa, más radiante que tu boca— se dibujó en una mueca de incierta y profunda burla. |
Y no supe qué decir... Pero allí estabas, con tus ojos apagados y la razón esquivada. Y tu impiedad chapaleaba como un náufrago en la espera del madero milagroso. Y no supe qué decir... pero te dejé marchar, dejando mis sueños rotos, mis anhelos destrozados y mi vanidad sin calma Y no supe qué decir... |
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Buenos Aires, abril de 1974 |
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Canto
a Buenos Aires (Poema 22)
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| Alguna
vez me atrapaste, ciudad huidiza y errante, y en tu estrechez me encerraste con la razón anhelante. Y me cambiaste el paisaje por un extraño lenguaje. Y me perdí en tus entornos de luces estrepitosas y singulares contornos. Y me gustaron tus prosas de adoquines expectantes y faroles acechantes. Y el color de tu armonía, desigual y castigada por la gris monotonía de premuras olvidadas. Y sin querer me llenaste del ciudadano contraste. |
Y transité tus rincones de pasiones desandadas y perdidas ilusiones. Y tus calles empedradas de travías olvidados y recuerdos trajinados. Desde Gardel a Piazolla; desde Evaristo a Castillo; desde la vieja pianola hasta el último organillo. Y el ciudadano contraste que, sin querer, me dejaste. |
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Buenos
Aires, mayo de 1984
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Tiempo
de otoño (Poema 15)
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| Hoy
es tiempo de un ayer que me vive desde siempre; de un ayer que me nace en cada cosa que no tengo: una rama, una rosa, una estrella. En la dorada alfombra del jardín han quedado mis versos; esos mismos versos que hoy, en honor a tu recuerdo, he ido recogiendo, uno a uno, una vez más. Ese tiempo aún me vive desde largas ausencias encendidas, y entre sueños enhebrados bajo un cielo de ilusiones compartidas. |
Aún recuerdo tus cabellos coqueteándole a la brisa de esa mañana de abril, y tu boca soñadora suspirándole a la luna en esa noche infinita. Pero todo pasa, como pasa el viento entre las hojas, y los sueños se disipan cuando sólo han sido sueños. El otoño se ha ido y con él mis últimos versos... Mas te aguardaré en cada otoño, ¡porque no hay otoño sin tu amor! |
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Buenos
Aires, mayo de 1978
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Tiempo
ayer (Poema 18)
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| Sí...
Ese tiempo fue mi ayer y ese ayer fue mi tiempo. Un nacer de cosas idas y un morir de cosas renacidas. Y un bagaje de presencias infinitas que me llegan desde la ausencia viva. Y correr por la pendiente que me arrastra. Y salir a transitar esa vereda antigua de esquina sin ochava; de vigilias muertas y esperanzas nuevas; de faroles encendidos e ilusiones apagadas... Distinta ahora, sí, pero exacta en mi fisonomía caprichosa. |
Y me siento viajar con esa parte de mi ayer que aún me vive y me reclama. Y así regreso hasta la última estación de la pesada y vieja ruta. Y al buscar en la canción a la que diera vida, esa vida que me diera, surge la antigua voz que en mi garganta muere, desafiándome a cantar con una voz que no es la mía. Y es ahí donde nace la pregunta: Si yo vivo en la canción, ¿por qué entonces la canción no vive en mí...? Y no hay nadie que me pueda rescatar. Sólo queda la pena y la certeza de saber que, simplemente, ese tiempo fue mi ayer... y ese ayer fue mi tiempo. |
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Buenos
Aires, abril de 1984
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