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| Nunca
supe de obtener todo aquello que anhelara; tan sólo bastó anhelar todo aquello que obtuviera. Nunca supe que me amara la mujer a quien soñara, y me bastó con soñar a la que siempre me amara. |
Y
sin poder transitar
todo tiempo ya vivido, fui feliz al revivir todo tiempo transitado. Y al no poder conquistar todo aquello pretendido, me bastó con pretender todo aquello conquistado. Y si supe comprender lo que más ambicionara, fue por nunca ambicionar lo que jamás comprendiera. |
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Buenos Aires, julio de 1984 II (Del amor) |
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| ¿Qué
sería del tiempo —en el olvido— y qué del día ¾ apenas demorado¾ , sin el rostro que siempre han cobijado bajo su quieta faz, enternecido?... ¿Qué sería del mundo —inadvertido—, estrepitosamente despertado, y qué del viento mudo y desolado, sin el inquieto vuelo y el bramido?... |
De inusitadas formas aprendidas, tejiste tu coraza indestructible en incontadas horas trascendidas. Y de pasiones dueño imprevisible, hiciste de lo bueno duradero y de lo malo siempre pasajero. |
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Buenos Aires, julio de 1984 III (De la amistad) |
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| Ondula
más allá de la existencia en un crujir de muros derribados, y desafiando olvidos renegados, le pone al tiempo su inmortal escencia. No tiene voz ni aroma su presencia ¾ no se adivinan gestos señalados¾ , y sin embargo surgen entregados infinidad de rostros sin ausencia. |
Qué inocultable ciencia incomprendida: hallar la pena ajena y combatirla con el solo poder de recibirla. Buscar la mano quieta y extendida y ahogar la sed de días esperados entre los cuatro brazos entregados. |
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Buenos Aires, julio de 1984
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