Dos canciones a mi tierra

I (A la tierra que me vio nacer)

Cuantos días aprendidos
en el cauce de tus días;
cuántas noches aferradas
al silencio de tus noches;
cuántos soles transitados
a la sombra de tus soles,
y cuánto cielo bebido
bajo el manto de tu cielo,
ciudad nativa y vital
de mi primaria existencia.

Hoy he vuelto a tus rincones,
a tus calles y veredas
y a la sombra de tus plazas
y a tus pálidos baldíos
y a tus patios y zaguanes
transitados por el eco
de las siestas renegadas
en furtivas escapadas.

Hoy he vuelto a tus paisajes,
a tus parques y jardines
salpicados de leyendas,
de piratas y astronautas
y vaqueros y fantasmas
y guardianes del espacio,
evocados bajo el velo
destejido de mi infancia.

Hoy he vuelto a tus escuelas;
al bullicio incontenido
de recreos y baldosas
inundados de payana,
de barajas y soldados,
  y a tus días habitados
de tabaco y de silencio
y fugaces escondidas
en las horas escurridas
del examen no sabido.

Ya lo ves,
ciudad cercana y distante...
Hoy he vuelto...
desde un tiempo transcurrido
más allá de la frontera de tu tiempo;
desde un cielo detenido
más allá del horizonte de tu cielo;
desde todo lo que callo
y no retengo,
porque no me pretenece.
Ya lo ves, ciudad... Ya lo ves.

Buenos Aires, junio de 1984


II (A la tierra que me vio crecer)

Yaquí estoy, ciudad,
 con la mirada anclada
 en tu audaz fisonomía,
 desatando la distancia
 de mis días transitados
 en el claro y nostalgioso
 torbellino de tus días.

 Y aquí estoy, ciudad,
 con la boca rebalsada
 de tu fresca lozanía,
 destejiendo las palabras
 aprendidas en tu idioma
 y enhebrando viejos sueños
 de algún tiempo cobijado
 al amparo de otro tiempo.

 Y aquí estoy, ciudad,
 embebido de baldosas
 y adoquines transitados
 y cordones desteñidos
 y balcones extasiados
 de trajines y odiseas;
 de reencuentros y partidas
 y furtivas acechanzas,
 bajo tu cielo tejido
 de incontadas existencias.


Y aquí estoy, ciudad,
habitado de salones,
de ascensores y escaleras
y motores estruendosos
y cuantiosas muchedumbres
y sirenas palpitantes
 y pasajes escondidos
bajo tu suelo encrespado,
transitado de vagones,
de trajines renegados
y de rieles apurados.

Y aquí estoy, ciudad,
atrapando entre mis días
quién sabe cual de tus días;
dibujando entre mis noches
quién sabe cual de tus noches;
descolgando tus estrellas
quién sabe por cual estrella.

Y aquí estoy, ciudad...
 Aquí estoy.

Buenos Aires, julio de 1984




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