En
algún tiempo existió, o por lo menos así
lo recordamos los veteranos, un idioma que se llamaba castellano,
mal conocido como español. Comentábamos con los
colegas del banco de la plaza que el idioma de Cervantes está
corriendo serio riesgo de desaparecer debido a las mutaciones
o a su mal uso, para convertirse en algo tan muerto como el
latín.
Y de esto me
acordaba cuando leía que el nuevo modelo de una famosa
marca de automóviles era «totalmente sofisticado».
Me picó un poco cuando leí la frase, pero como
no soy muy sabio corrí hasta la biblioteca y pedí
todos los diccionarios para desasnarme un poco.
Busqué
el origen de la palabra y descubrí que viene de «sofisma»
que significa más o menos «conclusión
falsa revestida de cierta apariencia de verdad o aún
de convicción ficticia, por la sutil malicia de quien
la emplea». Y conste que esto no lo dice Zenón,
sino el Diccionario Hispano Americano que, como otra deficición,
dice «Razón o argumento aparente con que se
quiere defender o persuadir lo que es falso».
Volvi para mi
banco y mientras caminaba y ya salido de la duda, discurría
sobre lo cual mal que usamos nuestro rico y bello idioma sin
siquiera tomarnos el trabajo de abrir el mataburros antes de
elaborar una frase.
¡Y este
no era el aviso de un kiosco! ¡Era de una de las más
importantes fábricas del mundo! Claro que así
andan las cosas y día a día vamos acumulando errores
y horrores y saturando así la cabeza de los más
jóvenes.
Así pasó
como el «evento» que se usa mal hasta el hartazgo,
las palabras extranjeras como «delivery», «Catheriné»,
«Mail», «Software» y cientos de deformaciones
más. Pronto nos encontraremos con que no nos entendemos
más, cuando una empresa gasta millones de dólares
o de euros para decir que su producto es totalmente falso o
sofisticado... Hasta la próxima.